Sin embargo, él pensaba que no la necesitaba porque podría tener a cualquier niña, porque nada más salir de fiesta podría estar con cualquiera, y lo que pensaba, es que a los treinta años no todo el amor que te dan te llena.
Un día, él se quejó de ella. Ella se pasaba el día diciéndole que las cosas las estaban haciendo mal pero todo se lo decía porque tenía miedo a perderle y así fue; todo esto le llevó a la pérdida.
Pasaban los días y él empezó a salir de fiesta a probar el amor exprés, las idas y venidas y todas esas relaciones esporádicas que te acaban destrozando porque te hacen sentir vacío. A su vez, ella se pasaba los días en casa, no paraba de llorar y había dejado de comer. Su cuerpo anunciaba la despedida de alguien. Sus amigas iban a verla, y la incitaban a salir. Hasta que la convencieron para salir. Esa noche, ella prometía arrasar que podría estar colada hasta las trancas de su ex pero que iba a ir a por todas. Lo que no sabía es que esa noche coincidiría con él.
Había arrasado en la discoteca, habían venido chicos a ella y habían bailado con ella, la habían dado cuatro besos tontos pero ni siquiera la habían llenado, lo único que la estaba llenando en esa noche era que el recuerdo de él y las copas que nunca faltaban.
Cuando salieron de la discoteca, yendo hacia su casa, ella vio a lo lejos un hombre que se retorcía entre curvas por la calle de lo ebrio que iba. Ella comenzó a andar más rápido hasta que lo alcanzó y vio que era él.
Su cara al verle se desvaneció. Las lágrimas se desvanecían por su cara sin ni siquiera haber pronunciado palabra.
Asi, ella prefirió irse y dejarlo ahí pero al verla, él la pidió que esperase. Necesitaba hablar con ella. Pero ella se adelantó a las cuatro míseras palabras que él la dedicaría.
No sé qué es en lo que pensaba cuando creía que podías quererme, cuando creía que todo esto iba a salir bien. Siempre estabas echándome en cara nuestra maldita diferencia de edad. Pero ¿qué crees? ¿Crees que tan solo por decirme cuatro cosas tontas voy a estar detrás de ti? No lo siento.
Él se quedó patidifuso al escucharle, por eso él la respondió:
¿Sabes algo? ¿Algo que nunca te he dicho? Al principio pensé qué que me ibas a poder enseñar, que me iba a enseñar una niña de veinte años. Estoy independizado desde mis dieciocho años. Nunca me ha hecho falta alguien que me enseñara a planchar, a cocinar, a fregar, a limpiar. Pero a lo que nunca me habían enseñado es amar, y por lo tanto nunca he amado a nadie. Pensé que nadie conseguiría hacerlo, pero tú, esa niña de veinte años de la que no espera que me pudiera enseñar algo, me ha enseñado a amar.
Nos faltaron silencios
que ocultaban verdades.

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