Y, ¿ me ves? Soy yo, la que se pinta los labios de rojo, la que se pone 14 cm de tacón para irse de fiesta y escuchar el zumbido de sus tacones o mejor, para que tú mires como taconean estos zapatos, entre bastantes copas, a la soledad que ahora me dejas a la vuelta de la esquina.
¿De verdad no sabes quién soy? Yo sí que te conozco, bueno o si que me acuerdo bastante de ti, a lo mejor más que tú de mí, tranquilo no te preocupes; era de esperar.
Pero dime, como no voy a recordarte si te habías convertido en una de mis prioridades y ahora me la quitan como se esfuma el humo de un cigarro. Explícame dónde hemos dejado los besos a medias y los mordiscos compartidos. Dónde quedan todos nuestros secretos que ahora se podrían desvelar al mundo, que más da, ya no somos nada. Dime dónde se quedan las horas de cosquillas y mis enfados porque juguemos al juego de a ver quien muerde a quien. O dónde se quedan los momentos en los que me callabas con un beso y dime tú, como cubriré la ilusión o la magia de cada sorpresa. Y sí, sé que todo en algún momento se acaba, da igual los motivos las razones, supongo que si algo tiene que acabarse se acaba y ya esta; no hay que darle vueltas intentando buscar tres patas al gato aún sabiendo que tiene cuatro.
¿Sabes? Te cuento un secreto? Pero no se lo puedes decir a nadie ¿prometido? Me has vaciado, te has llevado contigo todo sentimiento y lo peor de todo me dejas los recuerdos y dime tú quién va a cargar con todo eso eh. Supongo que yo. Prometo guardarte como el mejor recuerdo que ahora tengo, como a los besos en la Gran Vía, como a las tonterías en cualquier lugar, como la maldita sonrisa tonta que me salía cada vez que pronunciaba tu nombre o como la felicidad que hacía tiempo que ya no sentía. Sí, estoy segura de que puedo llamarlo felicidad. Y ahora que te vas, o que ya te has ido y vuelve a mi ese sentimiento de soledad me vuelvo a acostumbrar a él. Yo, antes de que tu existieras de esta manera tan bestial en mi vida, estaba acostumbrada a la soledad, a no estar acostumbrada a alguien. Llegas y me acostumbro a ti y ahora te esfumas como si nada. Y parece que en la vida hubiera sentido esa sensación.
La pintaron París y cuando se miró al espejo
solo se encontró de frente con la soledad.

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